Los obreros y obreras que formamos la Iglesia Pobre, tenemos el derecho y el deber de aclarar las cosas sobre el falso cristianismo que predican las organizaciones religiosas, catolicismo, protestantismo, etc., que no tiene nada que ver con la Iglesia Pobre, la de Cristo, que fundó el obrero carpintero Jesús de Nazareth en Israel hace dos mil años. Ya hemos dicho en otras ocasiones que el catolicismo, protestantismo, etc. no son el cristianismo de Cristo, por estar estas organizaciones religiosas formadas de ricos y pobres, o sea, unos creyentes que se hacen ricos a costa del trabajo de otros creyentes, burlándose de Dios y del prójimo, ya que Dios dice: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Nadie, pues, es cristiano sin tener a Cristo en si mismo, en la propia vida, no se trata de creer solamente en Cristo, hay que vivir en y con Cristo, con Dios. No es pues cuestión de estudios de seminario, teológicos, filosóficos, etc., se trata de un verdadero cambio de vida, se trata de tener en sí mismo el Amor de Dios, la bondad en uno mismo, en los actos de nuestra propia vida. y de esta forma todo ser humano, hombre o mujer, se convierte en un verdadero apóstol de Cristo y sacerdote de Dios. Y dice Cristo, “El reino de Dios es de los pobres”, “No se puede servir a Dios y al dinero”, “Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo”. La verdadera iglesia de Cristo la forman pues todos los pobres del mundo, los que tengan a Cristo en sí mismo, en su propia vida, claro está. Las organizaciones religiosas que se auto-titulan religión cristiana, el catolicismo, protestantismo, etc., pueden decir esto, allá ellos pero la Iglesia Pobre es el único y verdadero cristianismo de Cristo en el mundo, es la sencilla sinagoga o iglesia que fundó el obrero carpintero Jesús de Nazareth, el Cristo, en Israel hace dos mil años. Y cuando se tiene a Cristo que es la Luz, se ven las cosas claras. El cristiano no se mete en política, no vota a nadie, se aparta del militarismo, procura no traer muchos hijos al mundo para no aumentar el número de pobres y de soldados para las guerras que organizan los ricos, y se da de baja de la religión de los ricos, llámese como se llame. Y al tener a Cristo en sí mismo, en la propia vida, al tenerlo ya es apóstol de Cristo y sacerdote de Dios, el ser humano tiene que buscarlo en sí mismo y no en otros seres humanos. “Si un ciego guía a otro ciego ambos se caerán”, “Bienaventurados los pobres porque de ellos es el reino de Dios”. Y Cristo nos dice que busquemos el reino de Dios y éste se consigue trabajando para comer y oración como alimento espiritual. Esto es el verdadero evangelio de Cristo y por propia experiencia, sabemos que nadie es cristiano sin tener a Cristo en sí mismo, en su propia vida. Ser cristiano pues, no es solamente creer en Cristo, hay que vivir en y con Cristo, con Dios. Buscad a Cristo, amigos. Así sea. Amén.

Enero de 1996.