Este mensaje es como una parábola apostólica, adelante pues. Érase una vez un niño recién nacido, que escribió una carta a su mamá, decía así: “Mamá, mamá, no me gusta este mundo, o sea, no me gusta mucha gente que vive aquí, los niños mayores, que se llaman “hombres”, se explotan entre ellos, unos se hacen ricos a costa del trabajo de otros, se matan unos con otros en lo que llaman “guerras”. Los niños pobres van muy poco a la escuela, o no van, y los niños ricos tienen buenos colegios, estudian, etc.. Los papás ricos gobiernan los países, tienen palacios, dinero, oro, armas, tierras, etc., y los papás pobres, si tienen la suerte de tener un trabajo, cobran un salario que sólo les da para comer, pero muchos papás están en el paro obrero, y los hay que se meten en vicios, etc.; veo, pues, una humanidad dividida en ricos y pobres. Veo también, muchas organizaciones que se auto titulan “religiosas”, con sus jerarquías y sacerdotes, con estudios de seminario, paga mensual, etc., que hace siglos que siempre tratan de contentar, de aconsejar a los pobres, que sean buenos chicos, que si son buenos irán al cielo, mientras los sacerdotes y los demás ricos se procuran a toda costa su cielo en este mundo. Mamá, mamá, veo muchos niños que trabajan, los hombres los explotan, o son víctimas sexuales, o son secuestrados, vendidos, o asesinados para venderlos a la llamada “ciencia”, para hacer lo que llaman “transplante de órganos”. Mamá, mamá, no me gusta esta llamada “sociedad”. “civilización”, su llamada “cultura”, y todo esto es el sistema capitalista, esto es una porquería, es la gran bestialidad de muchos seres llamados “humanos”. Mamá, mamá, mira, mientras sigan en marcha las fábricas de armas, los cuarteles abiertos y estén en el paro obrero millones de pobres, tú y todas las mamás pobres del mundo, procurad no tener muchos hijos, o no tener ninguno, para no aumentar el número de pobres, de obreros en paro, o de soldados para las guerras que organizan los ricos”. Un momento niño, un momento, ¿quién te ha dictado esta carta?. “Verás mamá, es un abuelito, él y otros abuelitos saben mucho de Dios, de la vida, etc.”. Ya lo decíamos tu abuelo y yo, “el niño ya lo ha dicho todo, porque los niños y los abuelos siempre hablan claro, buscamos siempre la verdad, hablamos cosas verdaderas, caiga quien caiga, además, yo soy uno más de la iglesia pobre, el único cristianismo en el mundo, somos la repetición o restauración de la sencilla sinagoga o iglesia que formó el obrero carpintero Jesús de Nazareth, con otros obreros en Israel hace casi dos mil años”. Y nosotros, los obreros y obreras que formamos la Iglesia Pobre, aconsejamos a todas las mamás o futuras mamás pobres, en todo el mundo, que tengan pocos hijos o ninguno, y que todos los pobres del mundo se den de baja de la religión de los ricos, llámese como se llame, y que todos busquen al Espíritu de Dios, que los cristianos llamamos Cristo, cada uno en sí mismo, en su propia vida. Ánimos, pues, amigos. Así sea. Amén.

Abril de 1997.